La neófita e incapaz Yensunni Martínez y su gobierno municipal peor

Un fenómeno hidrometeorológico menor ratificó que la popularidad de AMLO ha empoderado a personajes peores que a los que él culpa de todos los males del país

La onda tropical número 23, un fenómeno hidrometeorológico menor, vino a demostrar lo que todos veíamos ya en Othón P. Blanco: tenemos un gobierno de neófitos, codiciosos y soberbios. Neófitos porque ignoran o no entienden incluso protocolos ya establecidos como los comités de protección contra fenómenos hidrometeorológicos; codiciosos porque únicamente los mueve el dinero, es decir, las comisiones, los moches, los negocios que son posibles desde el gobierno, esos que detesta Andrés Manuel López Obrador; y soberbios porque son incapaces de reconocer sus limitaciones, que no saben, y procurarse, por tanto, la asesoría adecuada.

Ni siquiera hay que entretenerse con el tema de que la presidente municipal Yensuni Martínez andaba de fiesta, regodeánse con su festejo cumpleañero por primera vez desde el poder, desde las posibilidades de las cajas chica y grande de Othón P. Blanco, sin reparo ni freno para el despilfarro de los recursos públicos, que tanta falta le hacen a la empobrocida Chetumal, ahogada en agua. Entendible, por supuesto, el alto nivel de rechazo al desempeño de Yensunni superior al 80 por ciento, que han revelado encuestas a nivel nacional. Un pesado lastre que tendrá que cargar y arrastrar la gobernadora electa Mara Lezama, de quien Yensunni ha dicho a sus corifeos que será su sucerosa. ¡Para Ripley!