Eduardo Martínez Arcila, brazo depredador de la alianza panista con Carlos Joaquín

Hay sumas que restan: la de Martínez Arcila es un lastre para Laura Fernández

HAY SUMAS QUE RESTAN. Entre los muy pesados lastres que debe arrastrar durante su campaña la candidata Laura Fernández Piña figura uno de los brazos depredadores de la alianza panista con Carlos Joaquín durante los últimos cinco años y medio en el Congreso del Estado: Eduardo Martínez Arcila, ahora acaudalado personaje gracias a un golpe de suerte que le permitió desplegar toda su avaricia. Sí, golpe de suerte, porque de no haberse presentado la coyuntura de estar en la dirigencia del PAN cuando Carlos Joaquín necesitó las siglas para ser candidato, Martínez Arcila hubiera seguido como el mediocre atracador de la política «opositora» que era.

Las denuncias y señalamientos de corrupción y de atraco a los recursos públicos que pesan sobre sus tres años como presidente de la extinta Gran Comisión y uno más en la Junta de Gobierno y Coordinación Política de la XVI Legislatura, son apenas un esbozo de la avaricia de Eduardo Martínez Arcila, cuya acción saqueadora va mucho más allá de la propia Legislatura, pues algunos nombramientos de administradores y oficiales mayores en otras dependencias llevan su sello personal que convirtió esos cargos en sus cajas chicas.

Un ejemplo de lo anterior es el oficial mayor de la Comisión estatal de Derechos Humanos, Erick Poot Alcocer, esposo de otra panista impulsada por Arcila y que es regidora de Othón P. Blanco con licencia y número uno de la lista de candidaturas plurinominales del PAN para la próxima Legislatura, Cinthya Millán Estrella, quien tiene un hermano igualmente impuesto por Martínez Arcila como titular de Administración del ICAT. No son, por cierto, los únicos recolectores de diezmos y moches del nefasto diputado.

Una acción menor es ejemplo de cómo operan estos recolectores de Martínez Arcila: recientemente hubo una subasta de vehículos que aparentemente habían agotado su vida útil en Derechos Humanos. La subasta fue una farsa: las unidades acabaron en manos de los propios funcionarios del organismo, incluida una camioneta pick up cabina y media que ya de todos modos estaba al servicio personal del oficial mayor. Voracidad en lo macro y en lo micro.

Martínez Arcila no se resigna a perder sus privilegios. Ha dejado correr la versión de que si Laura Fernández gana la gubernatura él será secretario de gobierno como una especie de vicegobernador y siguiente candidato a la grande. Y mientras tanto su ambición no descansa: ha empezado a operar con el objetivo de imponer a otra de sus incondicionales en Derechos Humanos: Georgina Muñoz, cuyo perfil dista mucho de ser idóneo.

Hay sumas que restan. La suma de Eduardo Martínez Arcila le resta a Laura Fernández Piña. Es una de las losas que debe arrastrar en su campaña…

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